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Por Rocío Pacheco Macedo – 20/11/2017

Positiva y receptiva, así define Belén Rodríguez Amores la actitud de los adolescentes con los que trabaja en su centro, “con ganas de ser ayudados y ayudar, en muchos casos, muy vulnerables y sensibles”. Esta impresión, bastante alejada de la imagen oscura que solemos tener de la adolescencia, remarca el carácter y filosofía que guían día a día su trabajo como orientadora en la ESO.
Tras conseguir su Diplomatura en Magisterio en la especialidad de Educación Infantil y licenciarse en Psicopedagogía, Belén nos cuenta cómo hace 25 años, el ámbito de la orientación empezó a tener un papel predominante en los IES. Al incorporarse la ESO a los centros antiguos de Bachillerato, se necesitaba una figura nueva, el orientador/a escolar “que trabajara con los pre-adolescentes y adolescentes, que asesorara al profesorado con ninguna formación psicopedagógica y a las familias”.
Este cambio hizo que Belén se decantara por trabajar en este ámbito nuevo que había estado “olvidado” en el Sistema Educativo. Una decisión acertada ya que, nos cuenta, hasta ahora no ha parado de aprender: “Mi experiencia ha sido y es, y espero que siga siendo así, magnífica y gratificante… siempre y en todos los centros que he estado, he podido intervenir sin ninguna presión y poniendo en práctica mis ideas con la colaboración de todos mis compañeros/as”.
El perfil de estos profesionales suele responder al de psicólogos/as sociales, culturales y educativos especializados/as en doctrinas y herramientas fundamentales en los centros de Secundaria ya que favorecen la comunicación entre alumnos/as y el resto de agentes educativos y una clara apuesta por la educación emocional. Una intervención, a veces, insuficiente debido a los tiempos marcados por la agenda educativa de los centros. “La función principal de este perfil en un centro es la de agente de cambio social, basando nuestra actuación en un modelo de prevención, aunque en la realidad y debido al gran volumen de funciones que se nos asignan, nuestra labor se queda relegada a intervenciones puntuales que no van a la raíz del problema (apaga fuegos) y que impiden una intervención global”.
Belén nos remarca que aunque cada vez hay más recursos materiales que se adaptan a las necesidades de los adolescentes vinculadas con la tecnología en el aula, también se necesitan nuevos profesionales; “pienso que en esto estamos muy escasos. Se necesitan más profesionales de la orientación, profesores/as de apoyo y otros profesionales de otros ámbitos como educadores sociales que trabajen en otros ámbitos que no sean los estrictamente académicos, como el social o el familiar”.
La fundamental colaboración y participación del entorno en la educación durante esta etapa,  hace que los adolescentes logren estar más seguros en sus rutinas dentro y fuera del centro; una apuesta por desterrar la imagen negativa de los adolescentes y conseguir una intervención conjunta. “La adolescencia es una de las etapas más importantes de la vida de una persona, y que aunque hay una serie de características comunes a todos ellos, la variabilidad individual es también muy grande. Por ello,  es fundamental una intervención en todos los ámbitos de su vida, académico, personal, social y familiar en la que participen todos los agentes socializadores de manera coordinada”.
Implantar nuevos métodos y prácticas desde el área de orientación en los centros de Secundaria es otra de las metas a conseguir; el dinamismo de nuestra sociedad obliga a continuas adaptaciones de todos los agentes educativos, “porque la realidad educativa es muy cambiante, sobre todo ahora en la sociedad de la información globalizada en la que vivimos, por lo tanto es necesario la innovación y la investigación en educación para ir interviniendo en las necesidades que vayan surgiendo”.
Unos ritmos de aprendizaje y trabajo que tienen que sintonizar con la realidad del adolescente, aunque las rigideces de la organización en los centros, a veces lo impidan; “el proceso de enseñanza/aprendizaje en un centro de Secundaria vienen muy marcado por la organización estructural que tiene, es decir, 6 horas de clase diaria con profesores de distintas especialidades entrando y saliendo a un ritmo frenético con unos contenidos a impartir marcados por las distintas administraciones educativas…que en muchos casos no permite la interacción personal ni la reflexión compartida”. El esfuerzo en los centros es una constante y la adaptación curricular junto a la puesta en marcha de nuevos métodos que fomenten la cooperación e interdisciplinaridad es primordial: “hay muchos profesionales de la educación que utilizan unas metodologías activas basadas en el aprendizaje cooperativo y en la cooperación con otros compañeros…este es el camino de la calidad de la educación”.
Esperanza, trabajo y mucha confianza, estos tres conceptos defiende Belén en lo que nos transmite en torno a su particular visión sobre la educación en Secundaria. La esperanza y confianza en los adolescentes y la necesidad de un trabajo duro y constante, “un trabajo en equipo y multidisciplinar en la educación”. Una imagen abierta, dinámica y reflexiva que nos induce a considerar nuestro compromiso con el germen del futuro, los adolescentes. “Los adolescentes y jóvenes son nuestro futuro, por lo que la sociedad, y por ello el sistema educativo, debe prepararlos para que se conviertan en ciudadanos con unas competencias que les permitan su realización y desarrollo personal, así como para el ejercicio de ciudadanía activa, la inclusión social y el empleo”.

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