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Por Patricia Merello Guzmán – 06/11/2017

La alegría, la tristeza, el asco, el enfado, el miedo y la sorpresa acompañan a los niños y las niñas en sus andanzas escolares vistiendo su día a día de situaciones, en muchos casos, conflictivas. Las emociones revolotean a sus anchas siendo todo un reto tomar conciencia de ellas y controlarlas, tarea que la inteligencia emocional no deja pasar de largo.

La etapa infantil presenta dificultades en la medida en que los chicos y chicas se adentran en la escuela para vivir numerosas experiencias que desencadenan sus emociones. Por ello, es preciso aprender a gestionarlas y usarlas. Y es que multitud de pequeños no saben cómo identificarlas y les cuesta desarrollar la empatía, resistir las presiones negativas de los compañeros o resolver conflictos de forma constructiva. Al respecto, la psicóloga Silvia Álava en Guiainfantil.com considera que “hay que enseñar a los niños a pensar, a pensar sobre sus emociones, a que sepan cómo se sienten ellos y a detectar cómo se sienten los demás, ayudarles a canalizar las emociones, a expresarlas, a regularlas, a favorecer la importancia de la comunicación con los padres, con los profesores y con sus iguales”.

De este modo, desarrollar su inteligencia emocional es fundamental pese a que se tienda a no prestarle la atención que merecen. La agenda escolar de los niños y niñas da la espalda a la educación emocional centrándose en conocimientos cognitivos como las matemáticas o la lengua. Si bien es cierto que cada vez más docentes de infantil y primaria optan por implicarse en esta enseñanza recurriendo al uso de un lenguaje positivo y a la realización de diversas actividades en sus clases.

Entre ellas, se propone leer El emocionario, un libro infantil de Cristina Nuñez y Rafael Romero repleto de ilustraciones que describe 42 emociones del ser humano. Este se acompaña de fichas deactividades que ofrecen un aprendizaje más enriquecedor. Otra sugerencia es El monstruo de colores de Ana Llenas que ayudarán a los pequeños a identificar las emociones con facilidad.

Asimismo, existen juegos dinámicos para trabajar la inteligencia emocional en las aulas como El dominóde los sentimientos y El dominó de las emociones, en el que, por grupos, los infantes deberán formar un dominó que dará pie a una posterior reflexión. En este sentido, los juegos de El Perruco también son una opción. La web especializada en juegos que ayudan a desarrollar este tipo de inteligencia ofrece el Perrucoco, un comecocos de papel que permite a los pequeños conocerse un poco mejor a sí mismos y a los demás.

La diversión continua con propuestas como El tarro de las buenas noticias, que potencia el optimismo en los niños y niñas ya que consiste en escribir las buenas noticias que vayan ocurriendo, como los cumpleaños, y guardarlos en un tarro con el fin de crear un mural al final del curso. Por su parte, la música puede provocar múltiples emociones en los alumnos y por eso, da rienda suelta a otro juego en el que deben explicar que les sugieres las distintas melodías que el profesor o la profesora seleccione.

El lenguaje audiovisual adquiere la función formativa en Miedo, un corto de Graciela Beatriz Cabal que muestra la fortaleza para afrontar obstáculos a través de un chico que experimenta esta emoción.

Insertar en las aulas este tipo de actividades influye de forma beneficiosa en el crecimiento personal de los infantes, que, se desenvolverán en la sociedad con confianza, empezarán a fijarse en las consecuencias que pueden tener sus actos o ayudaran a sus compañeros con mayor frecuencia. Además, puede ayudar a prevenir el bullying y el acoso escolar.

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