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Por Rafael Morillo – 29/04/2017

El próximo martes, 2 de mayo, se celebra el Día Internacional contra el Bullying o Acoso Escolar, una fecha reivindicativa que se hace más necesaria cada año a tenor de las cifras de casos de acoso escolar que van aumentando después de cada curso académico. Según la Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña en su II Estudio sobre el acoso escolar y ciberbullying según los afectados, los casos de acoso escolar en España aumentaron en más de un 87% entre 2015 y 2016 y un 24% en el periodo entre 2014 y 2016.

A nivel global, La Organización Mundial de la Salud alerta que 24 millones de estudiantes son víctimas de acoso y maltrato, incrementando el número de suicidios de jóvenes entre 14 y 18 años hasta los 200.000. Según Bullying Sin Fronteras, España se colocaría en el cuarto lugar entre los países con mayor número de casos de acoso escolar, solo detrás de Reino Unido, Rusia e Irlanda. El incremento de casos se debe a una mayor concienciación de la sociedady, por tanto, se incrementa el mayor número de denuncias, pero también a las nuevas tecnologías y las Redes Sociales que hacen que aumente las situaciones de acoso y que dicho acoso se produzca las 24 horas al día con lo que la víctima no puede escapar.

No hay un perfil fijo que destaque entre las víctimas y agresores en los casos de acoso escolar, sin embargo, sí podemos definir ciertas características que se repiten en la mayoría de casos. Normalmente, las víctimas son chicos que son diferentes por alguna deficiencia física o psíquica, estudiantes con gran rendimiento académicos y buenas relaciones con los profesores o chicos sobreprotegidos que no tienen experiencia en enfrentarse a situaciones de conflictos. Mientras tanto, los agresores suelen ser jóvenes populares, que normalmente tienen problemas académicos y que muchas veces han crecido en un contexto de abandono e inestabilidad emocional. Hay un tercer grupo de estudiantes que se repiten en los casos de acoso escolar y que son los que se ven obligados a guardar silencio ante las muestras de acoso y maltrato. Romper esta ley de silencio es fundamental para detectar los casos pero, también, es primordial que desaparezca ese silencio porque es un silencio cómplice que el agresor interpreta como aprobación y provoca que la víctima no solo se siente agredida por su agresor, sino por el resto de compañeros.

Romper la espiral de silencio se hace necesario para una rápida identificación de posibles casos de bullying y se puedan realizar lo más rápido posible los programas y actividades que aumenten la empatía de los alumnos y sirvan para que el alumnado comience a aprender a trabajar junto. Uno de los métodos más eficaces de los últimos tiempos para prevenir y afrontar casos de acoso en las aulas es el sistema finlandés KiVa que se está comenzando a exportar a otros países europeos. KiVa consiste en guiar a los profesores a coordinar y organizar las actividades anti-bullying que fundamentalmente se llevaran a cabo en tres etapas con grupos de niños y niñas de 7, 10 y 13 años. Estas actividades sirven para que el alumnado reconozca el acoso y se mejore la convivencia en el aula y fuera de ella.

Este sistema también incluye actividades digitales para empatizar con las víctimas de acoso escolar. Los estudiantes aprenden a reconocer los casos de bullying y a reaccionar ante ellos de una manera positiva y que ayude a las víctimas. Cuando se denuncia o se identifica un caso de acoso, el grupo de profesores KiVa rápidamente se reúnen con los alumnos implicados y todas las personas que crean convenientes creando un clima de trabajo para erradicar el acoso, además de llevar a cabo un seguimiento del caso.

Este método, que ha tenido tanto éxito en Finlandia, está llegando a otros países europeos. Es fundamental acabar con el sistema de relaciones que se basan en el marco de dominio – sumisión que provoca el acoso escolar no solo para favorecer la relación entre jóvenes y acabar con el sufrimiento de muchos de ellos, sino que sirve para aumentar el nivel educativo. KiVa y el sistema educativo finlandés demuestra que una sociedad que lucha eficazmente contra el bullying, tiene jóvenes  con mejores resultados académicos, ya que en una situación de acoso escolar ni víctima ni agresor se encuentran en una situación idónea para aprender.

La concienciación social sobre este problema tan grave para que los alumnos puedan ir sin miedo a sus clases a aprender y tener una buena educación es fundamental, además de una óptima salud mental y física. Ello, repercutirá en un mejor sistema educativo y en una sociedad más sana.

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